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(foto Scott Dalton-New York  Times)

Articulo New York Times

Ante las numerosas peticiones de información sobre Luis Soriano, y su  bonita y solidaria iniciativa en medio de una zona colombiana devastada por guerra  vuelvo a publicar de manera actualizada la historia de Biblioburro.

“La historia de Biblioburro parece sacada de un relato de realismo mágico, pero es mucho más que eso. Es una historia que ejemplifica la voluntad humana, el tesón y el profundo compromiso de un humilde maestro rural con la gente de su país.

Como todos los cuentos tiene un principio… “Todo comenzó en el pequeño y perdido pueblo de La Gloria, cuyo poético nombre quedo eclipsado en los mapas y la literatura mundial por su proximidad geográfica al famoso Aracataca, que inspiro el mítico Macondo de García Márquez. Pero hace 10 años ese dato no amilano a un humilde maestro llamado Luís Soriano, y menos el día que decidió colocar sus 70 libros en las alforjas de sus dos burros, a los que más tarde llamó Alfa y Beto, y establecer un sistema de biblioteca ambulante para recorrer toda una zona devastada por la guerra.”

Soriano creía que llevando y prestando libros a la gente que no los tiene y enseñándoles a leer mejoraba las condiciones de vida de los habitantes de su empobrecida región y de Colombia. Por ese motivo en su recorrido semanal a lo largo del camino realiza numerosos paradas para leer fragmentos de los libros a los niños que le aguardaban para tomar en préstamo sus libros. Así en medio de ese clima de violencia, durante todos los fines semana de los últimos 10 años, su obstinación le ha hecho atravesar junglas, valles y ríos de una zona inmersa en una guerra civil y transportar a lomo de sus burros, miles de libros como novelas, textos, pesados tomos de enciclopedias, y diccionarios pertenecientes a su biblioteca personal los cuales ha ido adquiriendo con su modesto sueldo de 350 dólares mensuales.

Según Soriano “Biblioburro comenzó como una necesidad suya, luego fue una obligación, que después se convirtió en una costumbre. Ahora es ya una institución compuesta por un hombre y dos burros, que es lo mismo que diez patas”.

Soriano que nunca había viajado fuera de su comarca y menos del país, poco a poco ha traído el mundo a su tierra en los lomos de sus burros. Su novel iniciativa ha llamado la atención de importantes personalidades de la cultura y la educación en su país hasta el punto de que el director colombiano Carlos Rendón Zipaguata ha decidido hacer un documental sobre la historia de Luís Soriano y su Biblioburro.

Hasta tal punto ha crecido el sueño de Soriano que su fama ya no se limita a Colombia, ayer el prestigioso diario The New York Times publicó un artículo de Simón Romero sobre Biblioburro. La pequeña institución de Soriano ya cuenta con 4,800 libros y con 300 personas que regularmente toman prestados libros. También su fama le ha permitido viajar por primera vez hasta Bogota. Allí según sus palabras, aun medio impresionado por las colecciones y por el imponente diseño Art Deco del edificio de la Biblioteca Nacional se sintió ordinario y entendió de que su lugar esta en Biblioburro, con la gente de su tierra y con sus dos burros Alfa y Beto tan obstinados y comprometidos como él.

Biblioburro no es un cuento de García Márquez, es mucho más que eso … es una increíble historia de compromiso y solidaridad, también de la obstinación de este quijotesco colombiano de llevar esperanza y cultura por todos los rincones de su tierra. Demuestra que cuando el hombre tiene voluntad y se propone con sinceridad hacer cosas que mejoren la vida de sus semejantes no hay límites para su acción. ¡Que mucho podrían aprender todos nuestros bo-bos ministros, los políticos y los rebaños que les votan, de este gran hombre y de sus dos burros Alfa y Beto y de todo lo que han podido hacer por su gente! ¡Tanto con tan poco dinero y recursos, que hacen que todos ellos luzcan como una banda de analfabetos!”

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Vaqueros urbanos en Nueva Delhi

Para todo aquellos que creían que después de los Spaghetti Western, el Midnight Cowboy o Brokeback Mountain habían visto de todo en materia de cowboys ahora llega la historia de los Urban Cowboys in New Delhi. ¡No es broma ni un bulo, ni tampoco es el título de una nueva película de Bolliwood! Urban Cowboys in New Delhi es el tema de un curioso reportaje que Jeremy Kahn realiza para el New Delhi Journal y el New York Times.

Sus protagonistas Brajveer Singh y Virpal Singh no llevan sombreros, ni botas de cueros, tan solo son dos de los 164 funcionarios municipales que forman parte de la brigada especial del Ayuntamiento de Nueva Delhi encargada de capturar cada día algunas de las miles de vacas que pastan a sus anchas por las calles de la capital india.

Quizá la noticia nos resulta sorprendente, pues posiblemente no hay una visión mas estereotipada de la India que la imagen de una vaca (animal sagrado para los hindúes) deambulando por una calle atestada de coches ante la indiferencia de todas las personas. Según estimaciones, (las más conservadores) se calcula que hay entre 5,000 a 12,000 vacas que cada día vagan mejor dicho pastan libremente por las calles de Nueva Delhi pero para algunos (los más pesimistas) la cifra podría llegar hasta las 20,000. Ahora, resulta que todo esto es una verdad a medias pues lo interesante de la noticia es el hecho de conocer de que a pesar del carácter sagrado que tienen las vacas para la mayoría de la población hinduista, a no todos los habitantes de la ciudad les agrada la idea de que las vacas hayan tomado el control de la ciudad.

Todo comenzó en 2002
Toda la historia comenzó en 2002 cuando varios ciudadanos hartos de lidiar con las vacas por las calles de la ciudad emprendieron una singular cruzada en los tribunales indios para exigirle al Ayuntamiento de Nueva Delhi para que tomase serias medidas para retirar todas las vacas de las calles. En todo este tiempo, los jueces han dado la razón a los partidarios de la medida que han visto como han ido ganando una por una todas las acciones legales contra el ayuntamiento para que retire las vacas. A pesar de ello, ya habían pasado seis años y las vacas seguían por las calles hasta que el pasado mes de septiembre el Gobierno perdió el último recurso legal. Por lo tanto, al Gobierno no le ha quedado mas remedio que aceptar la sentencia de los tribunales y fijarse como plazo para que la ciudad este limpia de vacas antes de que comiencen los Juegos de la Mancomunidad Británica de Naciones que se celebraran en Nueva Delhi en 2010.

¿Cómo es la vida de un cowboy indio en Nueva Delhi?
La tarea debe ser muy complicada pues matar una vaca esta prohibido en casi todo el país. Para el señor Singh y sus compañeros cada día de trabajo es una larga y frustrante jornada. Por afrontar los riesgos de su trabajo nuestros vaqueros cobran 10,000 rupias más o menos unos $250 dólares al mes. Según el articulo de Kahn, la mayoría de los trabajadores esta satisfecho con su sueldo que les convierte en funcionarios y les brinda la seguridad de un trabajo y sus beneficios.

Su trabajo diario consiste en dividirse en equipos de ochos hombres que recorren las calles de su zona asignada buscando vacas. Una vez, las localizan nuestros vaqueros solo disponen de una cuerda y de su fuerza bruta para capturar a sus “presas”. Más peligroso que las vacas son los seres humanos con los que cada día deben toparse. Si les toca capturar una vaca en medio de una transitada calle, ningún coche se detendrá para que ellos puedan realizar su trabajo de manera mas fácil y peor aun lo tendrán, si logran capturar alguna vaca y provocan algún atasco en la calzada pues se ganarán las iras y alguna vez, los puños de los conductores.

Al igual que en las películas del Lejano Oeste siempre hay un peor escenario que pone aprueba el temple y el valor de nuestros héroes. Aquí en la India no hay guiones escritos al estilo Hollywood y no aparecerán indios con plumas, ni arcos y flechas pero las escenas dramáticas se producirán de todos modos cuando los vaqueros capturen alguna vaca en las cercanías de algún templo pues ellas suelen ir por allí por que los feligreses las alimentan. Si nuestros vaqueros intentan llevársela muy pronto aparecerán decenas de airados fieles que les lanzaran piedras para evitar que se las lleven. ¡Virpal Singh de manera modesta señala que son los riesgos inherentes a la profesión!

Pero aunque no lo crean, lo peor que le puede suceder a un vaquero en la India esta aun por ser contado. Pues en el fondo cada vaca tiene un dueño solo que dada la permisividad y duras condiciones de la sociedad cada cual vive como puede y muchas veces al margen de la ley. Así que solo falta decir que la mayoría de estas vacas pertenecen a los propietarios de alguna de las miles de lecherías clandestinas que hay por toda la ciudad. Si nuestros vaqueros capturan a una de esas vacas entonces nuestra historia adquiere tintes surrealistas y entonces entrarán a escena los violentos tentáculos de un versión india de Vito Corleone.

Una historia de nunca acabar
De acuerdo con el gobierno desde que hace dos años se estableció este programa se han capturado y sacado más de 20.000 vacas de las calles de la ciudad. El gobierno calcula que aun quedan entre 5.000 a 12.000 por capturar. La cuota diaria de capturas es de entre 9 y 10 vacas por cada equipo de trabajo.

Lo primero que se hace cuando una vaca es capturada es introducirle un chip en su esófago. Luego los 20 equipos de trabajo llevan sus capturas diarias hasta uno de los 5 gosadans o santuarios gubernamentales a las afueras de la ciudad en donde se cuidan a las vacas.

Los gosadans son casas o albergues de caridad hindú que son subvencionadas por la ciudad. En teoría su función es impedir que las vacas vuelvan a la ciudad y que sean vendidas a las lecherías ilegales. Pero en opinión de los trabajadores es muy común capturar a la misma vaca varias veces.  Según ellos, las lecherías clandestinas usan sus contactos políticos para liberar a las vacas.

En opinión de Vijender Kumar Gupta, el funcionario responsable de dirigir esta iniciativa del Ayuntamiento, “la influencia de la” mafia de la leche” es el único factor que impide a la ciudad cumplir con la orden del Tribunal”. Por el contrario, Virpal Singh piensa “que Nueva Delhi nunca estará libre de vacas”.

Tras leer la noticia, yo me pregunto muchas cosas. Quizá será por que me he montado toda una película en mi cabeza. ¿Quién tendrá razón Kumar Gupta o Singh?  ¿En cual bar de Nueva Delhi se reunirán estos vaqueros a tomar té? ¿Qué pasará con estos 164 vaqueros urbanos si algún día logran eliminar todas las vacas de las calles de Nueva Delhi? ¿Podrá un puñado de hombres vencer e imponerse sobre costumbres que tienen siglos de tradición?… ¿Al final todas las ciudades del mundo se terminarán pareciendo? Esto me recuerda la particular cruzada en las ciudades occidentales frente a las palomas pero es otra historia…

(foto: Wikipedia)

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