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Girl from iconic Great Depression photo: ‘We were ashamed’ – CNN.com

La niña de la foto del ‘crack’ del 29: ‘No quiero volver a estar así nunca’

Ese día de 1936, en que la fotógrafa Dorothea Lange (1895-1965) se acercó a Florence Owens Thompson (1903-1983) y le preguntó si le podía hacer una foto junto a sus tres de sus hijos, ninguna de las dos mujeres tuvo la más mínima sospecha de que ambas estaban contribuyendo a forjar uno de los iconos más universales del siglo XX sobre la fuerza de la maternidad ante las crisis. Muy pronto, la fotografía de una madre inmigrante, con uno de sus hijos en brazos y dos niñas escondiendo sus caras en su regazo se convirtió en uno de los símbolos mas representativos de la Gran Depresión o del ‘crack’ del 29.

Katherine McIntosh quién cumplirá 77 años el próximo sábado, es una de las hijas de Florence y tenía entonces cuatro años. Ella es la niña de la izquierda según se mira la fotografía. La CNN, ahora la ha entrevistado y le ha dado la oportunidad de expresar qué significó para ella que se inmortalizará aquel instante.

Según McIntosh, la foto “nos provocó vergüenza” pues la gente estaba muerta de hambre en ese campo, “no había comida, nos avergonzábamos de todo, no queríamos que nadie supiera quiénes éramos”. Pero también, le ayudó a tomar una determinación: “estoy segura de que no quiero volver a estar así nunca”. Ella ha afirmado que le ha servido como un estimulo a lo largo de su vida “por eso hemos trabajado duro para tener un trabajo y una casa donde estar”.

¿Cómo se gestó la famosa foto?

Dorothea Lange realizaba en esa época un viaje por Nipomo, California, junto con su marido el economista agrario Paul Schuster Taylor, profesor de economía de la Universidad de California. Taylor, un experto en asuntos sociales y económicos y Lange, trabajaban juntos en un documental sobre la pobreza rural y la explotación de los cultivadores y trabajadores inmigrantes en California. Taylor hacía las entrevistas y recogía la información económica, mientras que Lange tomaba las fotos. En esos días, ellos trabajaban en un proyecto para “fotografiar a emigrantes en las granjas de la Resettlement Administration, la agencia estadounidense que entre abril de 1935 y diciembre de 1936 recolocaba a familias con dificultades, tanto urbanas como rurales en comunidades diseñadas por el Gobierno Federal.”

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En medio del recorrido, Lange se encontró con la madre de Katherine, Florence Owens Thompson de 32 años, que estaba en el lugar con sus siete hijos que trabajaban con ella en los campos. Le preguntó a Florence si no le importaba que “le hiciera una foto… le dijo que su nombre nunca sería publicado, pero que la imagen serviría para recordar a la gente que todos podemos estar en apuros”, ha explicado McIntosh. La mujer se dejó hacer la foto porque “pensaba que iba a ayudar” a otras personas. Al día siguiente, fue publicada en un periódico local, pero la familia ya se había trasladado a otra granja.

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Las dos mujeres nunca se volvieron a encontrar. Lange murió en 1965 sin saber el nombre de la protagonista de su foto, una de las fotos mas importantes de la historia de la fotografía. Posteriormente durante la Segunda Guerra Mundial, Lange ganó gran notoriedad por sus trabajos fotográficos sobre el establecimiento y la vida en los campos de concentración para los “nisei”, los ciudadanos estadounidenses de origen japonés en la costa oeste del país.

Una mujer fuerte

La imagen de Florence hecha por Dorothea ha ayudado a definir y dar un rostro al ‘crack’ del 29, pero McIntosh ha dicho que, aunque en su familia siempre se habló de la famosa foto, su madre no dejó que la imagen la definiera a ella. Esa idea siempre la acompañaba, “siempre quería una vida mejor”.

En la entrevista McIntosh relata que Florence su madre era “una mujer muy fuerte ” que le gustaban disfrutar de los buenos momentos y escuchar música. Ella era “la columna vertebral de nuestra familia y a pesar de nunca tuvimos muchas cosas ellas se encargo de que siempre tuviésemos algo”. Cuenta que su “madre a veces no comía nada para asegurarse de que los suyos tenían algo que echarse a la boca”.

Ella era “muy estricta pero a su vez muy amorosa y cariñosa. Siempre se preocupo por sus siete hijos, McIntosh nos dice que en sus recuerdos de niñez y adolescencia hay un increíble balance de 50% de buenos momentos y 50% de momentos difíciles”. A pesar de lo difícil que resultaba la vida para un niño en medio de la Depresión, Katherine pudo recibir educación. Pero, todos los días cada vez que salía de la escuela tenía que ir con sus padres y sus hermanos a trabajar en los campos de algodón.

Una gran lección vital

McIntosh ahora vive semi retirada y se dedica a limpiar casas en Modesto, California. Dice estar muy orgullosa de todas las cosas que ha conseguido en la vida y de haber sido capaz de tener un techo y trabajo durante todos estos años. ¡Ella que vivió los primeros años de su vida yendo sin rumbo fijo de un lado para otro y viviendo en coches o tiendas de campaña!

Recuerda que “los chicos que vivían en mejores condiciones en los pueblos por donde pasaban ella y su familia con sus miserias a rastras eran muy crueles”; le molestaban, y le decían: “vete a casa y date un baño. ¿Donde vas a tomar un baño? Si vives en un coche y no tienes a donde ir… Eso si, dice que : “su obsesión con la limpieza le vino desde la época en que vivía en una tienda de campaña. A pesar de todo, siempre había dos sabanas blancas que ella lavaba todos los días”. Todavía hoy, me gusta que todo este reluciente no soporto que las cosas estén sucias.

Sus consejos ante la crisis

Ahora que la economía de los Estados Unidos se hunde y los analistas dicen que la actual crisis económica es la peor desde la Gran Depresión, McIntosh cree que “si hay una lección que aprender de su historia es que hay que ahorrar, nunca derrochar el dinero ni vivir por encima de tus posibilidades. Mucha gente vive al día, incluso la gente que gana mucho dinero. Por eso entre todos tenemos que hacer lo mejor posible las cosas para evitar que algo tan terrible como la Gran Depresión vuelva a repetirse. Una de esas cosas buenas que podemos hacer es elegir aquellas personas que creemos nos pueden hacer el bien”.

El mensaje que McIntosh le manda al presidente electo Barak Obama es muy americano por simple y muy directo “siempre gobierne pensando en los ciudadanos de clase media”.

Un icono universal

McIntosh dice “que ella nunca olvidará las lecciones que dio su trabajadora madre quién murió en 1983 a la edad de 80 años”. A pesar de que el epitafio de Florence dice, “A la madre migrante: un mito de la fuerza de las madres americanas”, ese día de 1936, que Dorothea Lange se acercó a Florence Owens Thompson y le preguntó si le podía hacer una foto, ninguna de las dos mujeres tuvo la más mínima sospecha de que ambas estaban contribuyendo a forjar uno de los iconos más universales del siglo XX sobre la fuerza de la maternidad ante las crisis.  Pero mas allá del origen nacional de Florence, la madre migrante es un tributo a todas las madres anónimas que en todos los lugares del mundo y todas las épocas han sido un “mito de fuerza para sus hijos” y en medio de grandes adversidades, guerras y crisis han luchado por legar a sus hijos un mundo mejor que el que les tocó vivir a ellas”.

En mi caso, yo nunca me cansó de mirar esta foto que me dice tantas cosas al unísono… Como todos los mitos es atemporal, pero a su vez, su rostro tiene un halo de fuerza, de humanidad, femineidad y misterio telúrico…   En la supuesta mirada pérdida de Florence que nos mira de soslayo hay un gran misterio, que parece decirnos que ni aun en los breves instantes que perdura el momento en que le hacen la foto puede ella dejar de pensar que puede hacer por sus hijos. Lange se acerca con cierto respeto y sutileza ante la figura de  Florence, que aun en el momento difícil que ella y su familia atraviesan, posa ante la cámara por que “piensa que puede ayudar a otros” esto hace que a pesar de la dureza de la vida que llevan en todo el conjunto haya un sentido de dignidad y de entereza ante la vida, que hoy dada  las actuales circumstancias que se viven en muchas partes  hace que el propósito inicial por el cual Lange hizo esta foto cada vez más adquiera mayor pertinencia y vigencia. ¡Por que en el fondo todos podemos tener que vivir situaciones como las de Florence en algún momento de nuestras vidas!  Pero vivimos instalados en  tal seguridad y certezas que lo olvidamos … Pero no importa ahi esta  la imagen de Florence para hacer que no lo olvidemos.

De toda su figura emana, una perturbadora serenidad, un afán de voluntad humana de no rendirse nunca. Puede que en ella haya un atisbo de duda, desaliento o quizá un profundo dolor o tristeza pero sé que nunca se sentirá derrotada…y que seguirá luchando con todas su fuerzas por todo lo que cree. A pesar de que sé que nunca conoceré a Katherine McIntosh, me ha gustado mucho conocer su historia y la de su madre, por que a sus 77 años sigue luchando con fuerza, humildad y dignidad por todas aquellas cosas grandes o pequeñas (da igual) en las que ha creido y aun cree, sobre todo en la posibilidad de que se puede construir un mundo mejor, lo importante es no rendirse nunca en el empeño.

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Bill Ganzell-copywright

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